Desde la Constitución de 1811 el Poder Legislativo se había reservado disponer absolutamente los derechos de importación del ramo del tabaco y sus principales derivados.
Del tabaco se extraían dos productos importantes: el Moo o Moho, elaborado a
partir de las hojas verdes, que molidas y mezcladas con agua se
hervían en pailas hasta lograr una consistencia de jalea, y el Chimó, de
similar proceso, pero con hojas curadas y un acabado más espeso. Éste último
necesitaba la adición de un “aliño” especial e imprescindible: la sal de Urao,
mineral extraído exclusivamente de una laguna con ese nombre en
Mérida.
Pedro de Berástegui en 1781 fue uno de los primeros químicos llegados a Venezuela y Agustín Codazzi lo menciona como quien perfeccionó la elaboración de estos
productos para 1781.
Para tiempos independentistas, el negocio del tabaco era el único y más
productivo medio de subsistencia para cubrir los gastos del Ejército
Republicano por lo que Simón Bolívar en 1821 transmite al administrador de
tabacos de Guanare la necesidad de hacer un esfuerzo por “hacerlo prosperar,
dándole todo el aumento de que sea susceptible”, así como insta al
administrador de tabacos de Mérida a surtir de Urao no sólo a la administración
de Guanare sino a las que dependían de ella.
El chimó, es una pasta estimulante que causa efecto al ser colocado
detrás de los incisivos inferiores, provocando una abundante salivación que
debe ser expulsada. No se masca, ni se ingiere debido a su
toxicidad.
Desde los aborígenes hasta los campesinos actuales lo han usado para
ahuyentar serpientes venenosas, contra el resfriado y para inhibir las sensaciones de frío, hambre y
cansancio.Hoy en día está comprobado que -por el contenido de nicotina y alquitrán- su consumo
es tan adictivo y perjudicial para la salud como el cigarrillo.
En lugar de esos pequeños envases circulares donde hoy en día viene el
chimó, antes se vendía en bojotes: odres de piel de chivo u hojas secas de maíz,
que luego eran colocados para el consumo en cachos de ganado o cajas de madera.
En los tiempos coloniales la confección del chimó estuvo “estancada”, es
decir era exclusiva del gobierno, pero luego de la Independencia fue liberada,
manteniéndose el control sobre el Urao de la laguna.
Así, el consumo del chimó se extendió a todo el país (en 1897 había solo
en Mérida 17 fábricas) pero la histórica laguna, ubicada en
Lagunillas, Mérida y declarada monumento natural en 1979, prácticamente ha
desaparecido.
Queda para la historia el elemento mágico-religioso que fue para los
habitantes precolombinos, su importancia económica en la Venezuela Colonial y,
sobre todo, lo necesaria que fue para generar recursos que financiaron parte
de la Guerra de Independencia.


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