Relatos de la Independencia... Venezuela
Un homenaje a los 200 años de la Batalla de Carabobo, a través de hechos, curiosidades, personajes y monumentos conmemorativos relacionados con el proceso independentista venezolano.
martes, 24 de febrero de 2026
Cómo retratar al inquieto Bolívar?
Duelos en medio de la Guerra
martes, 15 de octubre de 2024
Las Convulsiones el Centauro
miércoles, 5 de mayo de 2021
Bolívar, Coll y Prat y la profanación al templo de San Francisco en Valencia
Es innegable el liderazgo y la credibilidad de los curas párrocos en cada pueblo, así como la importancia para el Libertador de mantener ese factor bajo control político durante la Guerra de Independencia de un país casi absolutamente católico.
Narciso Coll y Prat, Arzobispo de Caracas entre 1807 y 1822, fue un personaje sumamente influyente cuyas acciones, con una mano tendían a favorecer la defensa de la religión y del rey de España, y con otra a mantener una buena relación con el gobierno republicano.
Prat manifestaba en 1812 que la “Divina Providencia había restituido estas Provincias a su legítimo Soberano, su amado Rey el Señor D. Fernando Séptimo” restableciendo en ella su "benéfico Gobierno", confesando un año después que para ello “los curas desempeñaron eficazmente estos encargos, y que había corregido con oportunidad a alguno u otro que se hizo sospechoso.”
Sin embargo, no pocas comunicaciones cruzó Bolívar con el arzobispo en la necesidad de mantener a todos los párrocos, predicadores y confesores de la arquidiócesis al lado de la emancipación americana, hacer postulaciones para provisión de curatos y cargos eclesiásticos, quejarse o enaltecer la conducta de sacerdotes, etc. así como el arzobispo intercedía para evitar el paso por las armas de prisioneros realistas, solicitaba la impresión de edictos y pastorales, entre otras concesiones.
Uno de los más fuertes reclamos a Coll y Prat lo hace Bolívar el 9 de abril de 1814 cuando le expresa que, a pesar de haber acusado a su movimiento independentista de sedicioso y compuesto por hombres perversos, la Guerra a Muerte había conservado siempre “ilesa, intacta, y en su fuerza y vigor, la religión Santa de Jesucristo, sin osar ni levemente contra la casa de Dios, contra sus ministros, contra sus Vírgenes, ni contra cosa alguna que pareciese profanación.”
Esto lo hacía Bolívar como pie para su reclamo por el sacrilegio cometido en el templo de San Francisco en Valencia, durante la reciente ocupación por tropas realistas de la ciudad, cuando esa iglesia:
“… sirvió de caballeriza, y sus Altares de pesebres, se encontraron mujeres asesinadas y con indicios de haberse usado allí mismo de ellas. Las Imágenes de San José, San Francisco, Santa Rita, y Carmen, fueron despojadas de sus sortijas, y demás adornos de oro y plata; los Cálices, Patenas, Incensarios, Copón, y otros vasos, robados. Y últimamente extraída del sagrario la Custodia que depositaba la Hostia consagrada, la cual, según unos fue despedazada, y otra tirada en el Altar. Esta misma custodia, parte de los vasos, y otras prendas y ornamentos, se encontraron en las tabernas o guaraperías”.
No sin algo de sarcasmo, Bolívar le dice que estos últimos objetos de culto fueron recuperados por aquellos a quién el arzobispo había acusado de “irreligiosos”, quienes “tuvieron la virtud de presentarlas a V.S. Ilma. en cuyo poder se hallan.”
Lo descrito por Bolívar es solo parte de los desmanes cometidos entre los días 1 y 2 de abril en Valencia por las fuerzas comandadas por el brigadier José Ceballos durante el primer asedio realista a la ciudad de Valencia.
Ulises Dalmau
lunes, 14 de diciembre de 2020
Sobre su propio tiempo
Está cansado de impartir órdenes al vacío y delegarle encomiendas a las paredes, pero todos allá adentro permanecen en vigilia, esperando lo inevitable. Parece que nadie escucha, nadie siente... nadie ve.
Sale de ese claustro que lo ahoga, que lo limita; atraviesa el salón de aquella estancia y se sienta afuera, al borde del piso, a escuchar el ir y venir de pasos lentos y cuidadosos, de rumores y llantos atrapados en el sopor del mediodía. Presiente que en otro plano están ahora reunidos para decidir su nuevo destino.
Mientras apoya su frente en el antebrazo y trata inútilmente de reflejarse en su mirada profunda y expresiva, esa que jamás pintor alguno logró descifrar; busca a sus pies la sombra inexistente de aquel cuerpo infatigablemente nervioso, que más allá de la puerta, lucha contra la inercia; y trata de gritar con esa voz, en otros tiempos aguda y dominante. Hace unas horas, a duras penas,ha dictado sus últimas frases olorosas a gloria; pero más fuerte que sus ganas, hay una rara sensación que percibe y no logra entender.
El sigue allí y una brisa fresca se cuela entre el vapor salitroso y sofocante, para deslizarle un escalofrío desde la espalda hasta la nuca.
Se sobresalta, regresa presuroso al aposento y confirma que aún se mueven las agujas, esas mismas que pronto marcarán el final de su tiempo.
Se observa, obnubilado e inmóvil, ya casi no respira; postrado entre unas sábanas que casi son mortaja. A su lado, la pequeña mesa de noche, donde está aquel pergamino a medio escribir que se negará hasta el final, hasta el último segundo, a continuar recibiendo trazos. Sabe que todo lo demás ha sido escrito.
Al salir del cuarto, intenta secar en su rostro unas lágrimas rezagadas y sudor que ya no existen y enfoca por unos segundos su mirada al horizonte.
Es extraño, pero hubiera jurado que le llamaban desde allá, a lo lejos. Allá donde una gaviota casi se detiene en el aire, flotando sobre cálidas corrientes; allá, donde el sol es inclemente y la bruma todo lo marchita; allá donde no hay mucho que ver, y es mejor mantener los ojos bien cerrados, escuchando al viento.
Le parece sentir de nuevo el seco y entrecortado roce de hierro sobre hierro de la vieja bisagra, un grito ahogado y pasos... ¿serán pasos? si, pero ya no los escucha, los siente. Allí vienen, avanzando entre los vapores de un extraño sueño, esta vez apresurados, más bien cortos; uno, dos, se van haciendo más cercanos, tres, otro más; lo atraviesan y ahora se alejan… se alejan.
Adentro se ha detenido el reloj y la pluma completa su trabajo sobre el pergamino; ha perdido la batalla más difícil de todas, sin estrategias, sin armas, sin ejército, pero aún le queda una opción y la tomará.
Por eso, antes que ver llegar los carruajes para su funeral, antes de saber que se encienden mil antorchas y doblan las campanas en su nombre, el General prefiere tomarse un instante infinito para cerrar los ojos y escuchar al viento.
Allá va Simón, echándose a volar sobre los platanales de Santa Marta, hasta fundirse con el sol y con la bruma; hasta aprender a planear en equilibrio, como aquella gaviota, sobre su propio tiempo.
jueves, 5 de noviembre de 2020
Vadeando el manglar
Su preocupación esa vez no eran los voraces caribes, pisar una raya, toparse con un temblador o un caimán como cuando la infantería atravesaba un río llanero. Era avanzar sigilosamente entre el oscuro y cenagoso laberinto del manglar para no ser descubiertos, sobre un fondo de lodo, rodeados por el movimiento de peces que agitaba el agua a la altura de sus pechos.
Como expresa el centauro portugueseño: “Los habitantes de esta ciudad, entonces como siempre tan generosos con la patria y conmigo, me dieron no solo las provisiones necesarias, sino todo cuanto pudiera servir para regalo de las tropas durante las fatigas del sitio.”
miércoles, 14 de octubre de 2020
El "Batallòn Valencia", nuestro batallòn olvidado.
Por
Luis Heraclio Medina Canelón
En la
historia hay personajes, lugares o entidades que al recibir en un momento dado
el favoritismo de algún personaje influyente copan la atención de la masa del
público en desmedro de muchos otros que han tenido igual o hasta mayor
importancia. Así vemos que los mismos
nombres se repiten en todas crónicas, y en las calles de ciudades, pueblos y
barrios, instituciones o escuelas y que otros que merecen reconocimiento permanecen
casi olvidados. Hay ocasiones en que algunos de poca relevancia real son
elevados por razones hasta políticas, de acuerdo a los intereses del mandón de
turno. Esta situación es especialmente notoria en la crónica de la
independencia, que políticos y demagogos han manejado a su conveniencia.
Permanecen casi olvidados algunos que tenemos que rescatar de la amnesia
colectiva.
De las
unidades militares que lucharon en aquella larga guerra fratricida que fue la
independencia el común de la gente si acaso recuerda al “Bravos de Apure” o a
la mal llamada “Legión Británica”, pero sucede que en casi todos los lugares se
crearon destacamentos militares con la propia gente de ese sitio, con los
vecinos de cada pueblo y de cada ciudad. Debemos recordar a nuestros fundadores
o antepasados que salieron de cada terruño abandonando todo para irse a la
guerra. De la ciudad del Cabriales salió el “Batallón Valencia”, una de las puntas de lanza del ejèrcito republicano durante la segunda repùblica.
El batallón
Valencia fue creado en el año de 1813, aunque no se tiene la fecha exacta, su
nacimiento es mencionado en
“He presentado los grandes acontecimientos del año 1813…Seis batallones fueron creados con los nombres de Caracas, Guayra, Barlovento, Victoria, Valencia, y el Valeroso de Cazadores…”
BAUTISMO DE FUEGO:
BATALLA DE BARBULA 30 de SEPTIEMBRE
DE 1813
El creador y primer comandante del Batallón Valencia fue un porteño, el comandante José Miguel Valdés de Yarza y Salazar, conocido sencillamente como el “Coronel Miguel Valdéz. Fue él quien organizó el batallón, con blancos de la ciudad. Es de recordar, que aquella guerra, sobre todo en tiempos de la guerra a muerte era prácticamente una guerra social y no un conflicto internacional. Una de las puntas de lanza del ejército monárquico del español Domingo Monteverde era el “Batallón de Pardos de Valencia”; por contraparte José Miguel Valdés organizó con los blancos de la ciudad un batallón para defender la causa republicana: el “Batallón de Blancos de Valencia” que se bañaría de gloria en los terribles combates de los tiempos de la guerra a muerte.
Las primeras operaciones del batallón recién creado en Valencia, fueron
en el sitio de Puerto Cabello, donde se encontraba atrincherado Monteverde,
pero este sitio tuvo que ser levantado en septiembre, cuando los realistas
recibieron un fuerte contingente de soldados monárquicos recién llegados de
España, al mando del coronel Salomón.
Reforzadas sus tropas Monteverde trata de ir sobre Valencia. En la
vanguardia envía al regimiento recién llegado, el “Granada” y al batallón de “Pardos
de Valencia”, que eran leales al rey. En las montañas de Bárbula es
interceptado por las tropas republicanas, Es en esa oportunidad cuando el
Batallón Valencia, junto a otras fuerzas va a tener propiamente su “bautismo de
fuego”. La victoria luego de cinco horas de encarnizada lucha, es para los
patriotas, quienes tienen que lamentar la muerte del valiente neogranadino
Atanasio Girardot. Entre los heridos del Batallón Valencia está el entonces
capitán Miguel Borras, quien tendrá una larga carrera militar llegando a
general. Esta fue la primera vez en la guerra en que las tropas republicanas se
enfrentaban a verdaderos veteranos españoles, a los vencedores de Napoleón, con
el honor de haberlos derrotado a las puertas de Naguanagua.
BATALLA DE LAS TRINCHERAS 3 DE OCTUBRE DE 1813
Los restos de las tropas realistas de Monteverde se encontraban todavía en las montañas, en los alrededores del pueblo de Trincheras. Bolívar ordena volver a atacar. Esta vez las tropas republicanas (entre ellas el “Valencia”) son comandadas por el neogranadino D” Eluyar, y vuelven a desbaratar a las unidades de los monárquicos. Su propio comandante, el general Domingo Monteverde recibe un grave balazo que le entra por la boca y le vuela media quijada. Los realistas tocan retirada y huyen a Puerto Cabello. A Monteverde tienen que llevarlo en una parihuela entre cuatro solados. Aquí se dio un caso poco común en las guerras: Se enfrentaron dos batallones contrarios con el mismo nombre: “Valencia”; el de los pardos a favor del rey y el de los blancos por la causa patriota.
COMBATE
DE VIGIRIMA
Desde Puerto Cabello salieron nuevamente las tropas realistas (compuestas
por lo que quedaba del batallón Granada, y los pardos), ahora bajo las ordenes
del coronel Salomón, para tratar de tomar la ciudad de Valencia, tomando por el
camino de Patanemo para ir a caer a Vigirima. Allí bajo el mando directo de
Bolívar, el Batallón Valencia, comandado por el coronel Manuel Gogorza, junto los
neogranadinos y otras unidades llegadas desde Caracas combaten por tres días,
en lo que fue el combate más largo de toda la guerra de independencia (es de
recordar, que por ejemplo, la batalla de Carabobo duró apenas unas horas), hasta que finalmente las fuerzas realistas, sin
lograr su objetivo, optaron por retirarse a Puerto Cabello.
El Boletín
del Ejército Libertador de Venezuela. N° 24 FECHADO EN EL CUARTEL GENERAL DE
VIGIRIMA, EL 26 DE NOVIEMBRE DE 1813 expresa:
“Las tropas de
Otro oficial patriota del “Valencia” herido fue es el español (sevillano)
Manuel Villapol, quien cayó por un barranco al ser fulminado su caballo por un
balazo en la frente. Bolívar en su discurso ante
«…El bizarro Coronel Villapol que desriscado en Vigirima, contuso y desfallecido, no perdió nada de su valor que tanto contribuyó a la victoria de Araure…»
BATALLA DE ARAURE 5 de DICIEMBRE DE 1813
Y fue precisamente en Araure, el 5 de diciembre des 1813 donde el batallón de nuestra
ciudad tiene una de sus acciones estelares, comandado en esta ocasión por el
nombrado coronel español y patriota Villapol.
El Boletín del Ejército Libertador Nro. 25, de ese mismo día expresa:
“Los Batallones de Caracas,
Barlovento,
Luego de Araure el Batallón participó en la toma de Barquisimeto.
BATALLA DE OSPINO 2 DE FEBRERO DE
1814
El 2 de febrero de 1814 el Batallón Valencia comandado por el trujillano Manuel Gogorza por
ordenes de Urdaneta se traslada hasta Ospino donde vence a las fuerzas
realistas del temible José Yáñez (conocido como “Aña” por sus llaneros criollos)
quien muere en pleno combate. Yáñez era quien antes había ejecutado al terrible
comandante patriota Antonio Nicolás Briceño, primer promotor de la guerra a
muerte. Luego de la acción de Ospino, Urdaneta ordena al “Valencia” trasladarse
a San Carlos para auxiliar al cuartel de El Libertador, que estaba asechado por
Bóves. De allí se trasladan a Valencia, donde llegan luego de que la ciudad
sobrevivió al terrible primer sitio.
COMBATES DE SAN MATEO (27 DE FEBRERO A 30 DE MARZO 1814)
Entre febrero y marzo de ese año, interviene nuestro batallón en la
defensa de San Mateo, asediado por Bóves, donde, al lado de Ricaurte, caen
varios de sus efectivos, en ese sentido la “Gaceta de Caracas” contiene la
“Necrología del Secretario de Guerra” donde señala:
“El teniente ciudadano Rodríguez,
natural de Valencia y del batallón de esa ciudad, fue herido en la acción
parcial del 8 de marzo atacando posiciones del enemigo en las alturas, al medio
día, de San Mateo….”
Rafael (o Juan Rafael)
Quintero también murió, siendo Ayudante del Batallón de Valencia, en la acción
de San Mateo, el 28 de febrero de 1814
El bizarro coronel sevillano Manuel Villapol, el vencedor de Araure,
también moriría en San Mateo. Un artículo de Antonio Muñoz Tébar, publicado en
la “Gaceta de Caracas” del 28 de marzo de 1814, dice:
«El benemérito Coronel Manuel
Villapol, de
Mas tarde, el mayor Leandro Palacio aparece comandándolo en fecha
31 de marzo de 1814 (Gaceta de Caracas Nro. 57 del 11 de abril de 1814) en el
combate de Villa de Cura, donde encabezaron el ala derecha de las tropas
patriotas, enfrentando a las fuerzas de José Tomás Bóves. Esa misma gaceta
menciona al subteniente de la tercera compañía del batallón de nombre José
Prieto, como uno de los heridos, al igual que un teniente Miranda, de los
cazadores de ese batallón. (Por su
parte el Boletín del Ejército Libertador Nro. 9 del 5 de Abril informa de la
acción del coronel Leandro Palacio, y que resultaron heridos en el batallón
Valencia “el subteniente José Prieto y el “teniente Miranda de Cazadores de
Valencia”)
COMBATE DE GUATAPARO
Al poco tiempo, el 17 de mayo, el batallón nuevamente bajo las ordenes del coronel Manuel Valdés
participa en el combate de Guataparo donde se enfrentan las tropas de Juan
Manuel Cajigal.
BATALLA DE CARABOBO (PRIMERA)
Nuestro batallón tiene una participación decisiva en la primera batalla
de Carabobo el 28 de mayo de 1814, bajo las ordenes del comandante Manuel Valdés,
donde se enfrentan y derrotan a los temibles llameros de Apure que peleaban
defendiendo las banderas del rey.
En junio de ese mismo año varios
elementos del Batallón Valencia, sucumben en la ciudad de Valencia, luego de
quedar sin bastimentos ni municiones. Allí Bóves asesina a muchos oficiales y
civiles, entre ellos el coronel Manuel Gogorza.
Pero en La Puerta se pierde casi todo el batallón, así como casi todo el ejército
patriota. El comandante Valdés se salva y huye junto a otros comandantes hacia
Caracas. Ya casi destruida la segunda república luego de la pérdida de
Valencia, y la derrotas de
En
Pero más
tarde, aparece el nombre de nuestra ciudad en batallones republicanos: Así en
1816 según vemos en el Archivo del Libertador con fecha 15 de marzo se ascendió al capitán Miguel Borras (El más tarde General Miguel Borras (Valencia,
?-Coro, 1853) a Teniente Coronel vivo y efectivo,
Comandante del Batallón Valencia.
También en 1816 Juan de Dios Morales era Sargento Mayor (o sea,
segundo jefe) del Batallón Valencia. Cayó prisionero, en abril de 1818, en el
Rincón de los Toros, y fue fusilado posteriormente por los realistas.
En pròxima oportunidad nos detendremos en la vida de los militares que comandaron el "Batallòn Valencia"
FUENTES
Alcantara Borges, Armando. "Carabobo Sendero de Libertad" Secretarìa de Cultura del Gobierno de Carabobo. Valencia 1992
Colomine, Luis Alfredo. "Venezuela y Sus Proceres". Caracas. 1974
H. Nectario M. "Historia Elemental de Venezuela" Editorial Venezuela. Caracas. 1943
Urdaneta, Rafael. "Memorias" . Imprenta y Litografia del Gobierno Nacional. Caracas. 1888
http://www.archivodellibertador.gob.ve














