El 24 de junio de 1821, sobre la sabana de Carabobo el sol ya ha rebasado su punto cenital y está decidida la batalla a favor del Ejército Republicano.
En tres cuartos de hora los batallones
de infantería Bravos de Apure y Cazadores Británicos, tras ser
emboscados, desde el fondo de una cuesta habían volteado una batalla que
parecía casi perdida en un principio con la ayuda del batallón
Tiradores y parte de la caballería de Páez.
Para
sobrevivir y salvar el honor del Ejército Realista, el coronel Tomás
García organiza con sus hombres y los de otros batallones desarticulados
una columna compacta y casi impenetrable a la que se unen los generales
Miguel de La Torre y Francisco Tomás Morales, 1er y 2do comandantes del
Ejército Expedicionario de Costa Firme. Comenzaba así la célebre
retirada en orden del batallón 1° de Valencey, repeliendo cada intento
por romperla.
Pero lo relampagueante de las acciones y la distancia no habían permitido a gran parte de la segunda y tercera división participar en la batalla así que, viendo al enemigo en retirada y tratando de tomar parte en la victoria, comenzó un improvisado acoso a los realistas por parte de oficiales republicanos que ejecutaron acciones temerarias y encontraron la muerte.
En
ese momento el camino hacia El Tocuyito, cruzado por las quebradas Las
Manzanas, Barrera y el río que bordea al pueblo, comenzó a embarrialarse
por el aguacero del día de San Juan, y eso fue aprovechado por los
realistas para ir dejando pequeñas guerrillas que dificultaban aún más
las resbaladizas subidas y bajadas por los barrancos de los cursos de
agua.
Sorpresivamente, uno de los primeros en caer en el trayecto fue el general Manuel Cedeño, jefe de la Segunda División, al cargar al enemigo con un piquete de caballería cerca de la quebrada Las Manzanas, así como poco antes había sido baleado en la sabana el jefe de la Tercera División, coronel Ambrosio Plaza, tratando de rendir a la mitad del batallón Infante.
Entre los cincuenta
hombres de caballería que continuaban la persecución iban dos veteranos
lanceros: el teniente Julián Mellado, comandante del Escuadrón Dragones
de La Guardia y el teniente coronel Juan José Rondón, comandante del 1er
Regimiento de lanceros, quienes se conocían muy bien puesto que, además
de ser compadres de sacramento, llevaban años combatiendo juntos y
compartiendo laureles en las Queseras del Medio, Pantano de Vargas,
Boyacá y otras batallas.
Antes de llegar a la
quebrada Barrera, estando cercanos al Valencey, Mellado comenzó a
disputar con Rondón el honor de encabezar una carga por la izquierda y
tras un retador intercambio de frases se adelantó a todo galope.
Un
poco más tarde, en el campo de batalla quedaría el teniente Rafael
Mendoza agrupando a los muertos para quemarlos y el teniente Vicente
Piedrahita reuniendo a los heridos.
Los cadáveres de
Cedeño y Plaza, por su jerarquía, fueron conducidos hasta la ciudad de
Valencia donde se les rindió el honor de un velatorio en la casa del
coronel de caballería y defensor de la causa realista Ramón de
ibarrolaburu y Añorga -habilitada para atender heridos- hoy llamada
Casa Celis.
José Antonio Páez menciona en su
Autobiografía (1867) a dos oficiales patriotas que fueron abatidos en el
camino y que, según la tradición, fueron recogidos para darles
sepultura en el camposanto más cercano, hoy desaparecido detrás de la
iglesia de Tocuyito.
Uno de ellos fue José María
Olivera (nacido en Soatá, Nueva Granada) de quien solo relata que cayó
en Tocuyito –en un lugar indeterminado- mientras que el otro fue
encontrado cerca de la quebrada Barrera.
Allí, desde
1974, existe una modesta columna en honor a la valentía y arrojo del
teniente guariqueño Julián Mellado quien, después de anticipársele a
Rondón, embistió lanza en ristre a los realistas hasta quedar con su
corcel acribillado por bayonetas y el cuerpo atravesado por siete balas y
una baqueta.

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