El 18 de julio de 1821 el general Simón Bolívar recibe en el cuartel
general de Valencia una carta donde encarecidamente se le pide y suplica
exigirle al general Santiago Mariño la devolución de un “criado”
escapado hacia el occidente de la provincia con una mula ajena.
Mariño, quien cabalgaba de Valencia a San Carlos al mando del Ejército
de Occidente, ya había negado la petición a “un hombre formal” que le
alcanzó en el sitio de Carabobo reclamando la propiedad de Rito Manuel,
recién incorporado a sus filas, dándole por respuesta que regresara
pues ahora estaba a su cargo y cuenta.
El esclavo había sido un
aporte de los tantos que recibió el comandante realista Francisco Tomás
Morales antes de la batalla de Carabobo, cuando estuvo acuartelado en El
Tocuyito durante quince días. Formó parte de aquellos escuadrones de
caballería que el mismo domingo 24 de junio y
llegar tarde a la confrontación.
Es
por ello que en medio de la desbandada había regresado a su cautiverio
donde no tardó en escuchar de nuevo el rumor de un ejército llegando a
nuestro pueblo.
Era otro estandarte el que ondeaba entre aquel grupo de
hombres armados, pero el sabor a libertad recién probado, lo que había
escuchado tras paredes sobre la victoria definitiva de los patriotas y
los hacendados abandonando sus propiedades, le habrían dado el impulso
para salir corriendo, montar la primera mula que encontró a su paso y
presentarse ante Mariño, uniéndose a tantos dispersos de la batalla que
habían sido aprehendidos, o que hambrientos y heridos salieron de los
montes, manos en alto, para rendirse al bando ganador.
Ahora, su
suerte dependía de una carta en manos del Libertador quien en varias
oportunidades había ofrecido y otorgado libertad a los esclavos que se
presentaran a luchar por la causa patriota, comenzando por los suyos en
1814.
Lo singular de aquella misiva para solicitar su entrega es
que estaba firmada por el Pbro. Domingo Esteban Peláez (Párroco de San
Pablo del Tocuyito entre 1808 y 1850), bien conocido por Bolívar las
veces que había pernoctado o pasado por este pueblo de obligatorio
descanso entre jornadas, algunas de las cuales el sacerdote lo había
recibido en su llamada Casa del Jardín, por lo que no dudó en complacer
su petición de inmediato:
“Siendo cierta la fuga del esclavo a que
se refiere, y estando al lado del señor General Mariño, dispondrá éste
que se le devuelva a su dueño, en virtud de este decreto. BOLÍVAR.”
Hasta allí llegó el sueño de Rito Manuel.
El general Santiago Mariño, ya en San Carlos, fue obligado a entregarlo
a su antiguo amo, no sin antes dirigirse a Bolívar en los siguientes
términos:
“Excmo. Señor Libertador Presidente.
El cura del
Tocuyito ha sorprendido a V.E. cuando supone en mi poder un esclavo de
su propiedad. En mi marcha de Valencia a esta ciudad encontré un hombre
que había servido con el enemigo y que, vencido por el Ejército
Libertador, quería también ser la República. Nada me pareció más
conforme a las órdenes dadas por V.E. hasta ahora, que admitir al
servicio a esta especie de hombres que obligados por sus dueños han
tomado las armas contra la República, ni nada más injusto que la
solicitud del señor cura en que se le devolviese una arma con que nos
había ofendido, y por cuyo hecho debió perder el derecho que tenía a
ella. Por esta consideración, iba a hacerlo alistar en el Ejército
cuando he recibido la superior orden de V.E., en obedecimiento de la
cual he entregado el individuo en cuestión.
Cuartel General en San Carlos, a 20 de julio de 1821, 119.
Excmo. Señor,
El General en Jefe de Occidente,
SANTIAGO MARIÑO.”

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