martes, 24 de febrero de 2026

Cómo retratar al inquieto Bolívar?


 
 
Cuentan que Bolívar era sumamente inquieto. Pocas veces tenía tiempo para escribir de puño y letra; algo que generalmente hacían sus secretarios, hasta varios a la vez por su notable capacidad de desarrollar distintos temas que luego firmaba. 
 
Si se hubiera sentado a hacerlo, con tan vasta producción de cartas, manifiestos, decretos y proclamas, no hubiera tenido tiempo para emprender sus ocupaciones políticas y bélicas.
 
Ese hiperactivismo, descrito por muchos de quienes lo conocieron, unido a sus constantes viajes, obviamente le impidió permanecer por largo tiempo en reposo, y menos en una pose para ser retratado. 
 
El pintor colombiano José María Espinoza cuenta en sus memorias que cuando iba a hacerle una miniatura sobre marfil “se colocó frente a mí, con los brazos cruzados. Apenas comenzaba yo el diseño cuando me dijo ¿ya está? Le contesté que faltaba mucho; entonces estiró los brazos diciéndome: Puede usted venir cuantas veces quiera, a las 11 antes que se reúna el Consejo”.
 
Entonces ¿Cómo es que el pintor peruano José Gil de Castro y Morales lo hizo en óleo y tamaño natural con tal acierto que él mismo Bolívar reconoció su mayor exactitud y semejanza?
 
Es que “el mulato” Gil de Castro, autodidacta, no poseía las herramientas de los grandes maestros de la plástica, pero sabía captar los detalles importantes e imprimir carácter a sus obras, cosa que fue el dolor de cabeza de muchos otros retratistas de la época y preocupación del propio Libertador.
 
Pudo lograr un retrato del más grande hombre de América -quien no podía estarse tranquilo e inmóvil- porque dedicó todo el tiempo que estuvo frente a él a desarrollar su rostro, y en su ausencia utilizó otro modelo para el resto de su anatomía, además de disponer en sus talleres, como acostumbraban los artistas de la época, de lienzos con cuerpos ya esbozados.

Duelos en medio de la Guerra


Duelos en medio de la Guerra
Por
Luis Heraclio Medina Canelón
El duelo o “ juicio de Dios” es un combate entre dos hombres, previo a un desafío, para dejar saldada una cuestión de honor. Existe desde tiempos inmemoriales y parece tener su origen en la antigua cultura germánica, de donde habría pasado a Roma, de allí a España. Para la cultura moderna venezolana el duelo nos resulta algo ajeno o extraño, quizás muchos piensen que los duelos con cosas de  la antigua Europa, que jamás se vieron por estas tierras, pero no es así. Son varios los duelos registrados en nuestra historia, y quizás muchos quedaron ocultos por la discreción de sus participantes.
En los tiempos de la guerra de independencia (como en cualquier guerra) el valor personal del guerrero era un factor importantísimo para infundir en los subalternos respeto y estimular la propia valentía del soldado. Esto aunado al hecho de que el soldado en guerra convive diariamente con la muerte fue caldo propicio para que se produjeran varias contiendas de este tipo, que han sido reseñadas por la crónica.
El primero de los duelos de que tenemos conocimiento durante la guerra ocurrió el 20 de enero de 1814 cuando se produce un combate entre las fuerzas republicanas bajo el mando del coronel Antonio Alcóver y las guerrillas realistas bajo la conducción del capitán J. Ramos. Al rato de iniciado el combate el capitán Ramos solicita parlamentar y reta a medirse en duelo al sargento patriota Reyes González, contra quien quizás tendría alguna rencilla personal. Se produce el duelo y Ramos resulta muerto.  Seguidamente se reanuda la batalla en la que las tropas del difunto resultan derrotadas. 
Otro episodio de duelo, pero esta vez no se concretó, lo relata en su autobiografía José Antonio Páez. Asi narra “El Catire”:
“A vista del enemigo, hice alto para observarlo mejor. Como a seiscientas varas del ejército, estaba formada la descubierta enemiga compuesta de 30 hombres. El oficial que la mandaba y yo, principiamos desaforadamente a decirnos baladronadas, desafiándole yo a un combate singular, eso con tal ardor, que sin advertirlo me fui acercando más de lo que convenía a mi seguridad personal…”

Pero en ese caso el duelo no se produjo, sino que se desencadenó un enfrentamiento total.
Una de las que tuvo más repercusión, ocurrió el 6 de diciembre de 1820 por la circunstancia de la jerarquía de los duelistas. Fue duelo entre dos oficiales británicos del contingente de voluntarios que vino a incorporarse a las tropas republicanas: el coronel Blosset, comandante de los voluntarios británicos retó a duelo a otro legionario: el mayor  William Middleton Power. Parece que Blosset era amigo de los duelos, ya había participado anteriormente en varios. En el transcurso de una cena, Blosset le trata de servir a Power un vaso de licor, pero el otro se rehúsa ya que no quiere beber más.  Esto causa indignación a Power, ya que lo considera un desprecio y lo reta a duelo para lavar la afrenta. Pero esta vez su veteranía no le ayudó: en el campo del honor Power le pegó un tiro a Blosset, quien  resultó muerto.  Esta justa se llevó a cabo con todas las formalidades europeas, hubo hasta padrinos, uno de ellos fue el mayor John Ferriar, pero tal hecho causó gran disgusto en las autoridades venezolanas. Páez, el jefe inmediato, envió arrestados al sobreviviente del duelo a a los dos padrinos para que Bolívar tomara las medidas disciplinarias que considerara convenientes.  El Libertador, molesto con el acto de indisciplina disolvió a la Legión Británica y colocó a buena parte de sus oficiales en otras unidades y al resto lo ubicó en un nuevo batallón llamado ahora “Cazadores Británicos”. Fue benévolo con los participantes en el duelo, ya que en junio del año siguiente estaban con sus jerarquías luchando en Carabobo. 

Pese a ser un acto ilegal, todavía en el siglo XX se produjeron duelos, y entre los venezolanos fue famoso el célebre escritor Rufino Blanco Fombona por haber participado en varios, incluso dio muerte e varios contrincantes.
Fuentes:
Alcántara Borges, Armando.  “Carabobo – Sendero de Libertad” Ediciones del Gobierno de Carabobo. Colección Historia. Valencia 1992
Lambert, Eric. “Los Hermanos Ferriar – Fidelis ad Urnam” Diario El Carabobeño, 24 de junio de 1971
Páez, José Antonio. “Autobiografía”